“Si los cuentos no se cuentan"

Cuentos cortos para soñar, por ángel arruga

Iban en el vagón, sentados frente a frente, y ninguno de los dos tenía nada de especial; no eran de esas personas que uno se queda mirando, harto ya de contemplar cómo el paisaje de siempre sale al encuentro del tren desde la distancia y se detiene un segundo para componer una imagen apacible de suaves curvas verdes y casitas con jardines de follaje tembloroso y agrisado por el humo que ondea tras los vagones como un largo estandarte vaporoso. Nadie mataba el tiempo intentando adivinar si estaban o no casados, si tendrían hijos, cuál sería su edad, a qué se dedicarían, etcétera. En su mirada inexpresiva se leían las palabras matrimonio y oficina. Él ocultaba la cara tras el periódico y ella parecía dormida. Así iban cada mañana y cada tarde a las horas en que oficinistas y comerciantes salen de casa y vuelven a ella. A menudo en el mismo asiento del último vagón. Aunque en los últimos tiempos ella había faltado algunos días, tal vez hubiese estado enferma. Él había ido solo y, a ojos de los demás, no había habido grandes diferencias. Había abierto el periódico, lo había leído con atención, había vuelto a doblarlo con mucho cuidado y lo había dejado en el asiento al
Somos hijos de un mundo distraído
que olvidó como hacer reír a los niños y en lugar de un cuento de hadas , regalamos un iPhone.
En lugar de colores, les compramos una tableta.
Somos hijos de un mundo distraído que olvidó como jugar con la bola,
hacer correr una cometa a la orilla del mar y correr descalzo por los prados.
Somos hijos del iPhone, smartphone, tabletas.
Queremos saber quién está al otro lado del mundo, sin ver quien está a nuestro lado.
Somos hijos de iPhone, smartphone, tabletas.
Somos hijos de un mundo distraído
hecho de tecnología y buenos días
olvidados.
De un café publicado en las redes sociales y un café ya frío para beber.
Somos hijos de un mundo distraído
que olvidó cómo hacer sonreír a un niño.
Roser Calafell
En lo profundo del Bosque Susurrante vivía Lilo, un pequeño duende curioso que siempre llevaba un sombrero demasiado grande para su cabeza. Aunque era travieso, tenía un corazón tan brillante como una luciérnaga.
“Si los cuentos no se cuentan" dejan de existir las hadas, los dragones, los vampiros, los duendes y los piratas. Y no hay pasajes se...